Ensayo

Contra la poesía, contra el corazón

Marília García Traducción de Ignacio Morales 16 de junio

de Pensar con las manos de Marília García

«La verdadera poesía se hace contra la poesía», dijo el poeta Henri Michaux. Para él, era necesario enfrentarse a la poesía de la época anterior, no exactamente «por odio», sino para dar cabida a otras formas de percepción; como si un nuevo tiempo exigiera limpiar la coraza del poema para poder construir nuevas formas de decir.

En esa línea «contra» la poesía, ya se ha debatido bastante, desde el reciente «Odio a la poesía» del poeta y novelista estadounidense Ben Lerner, pasando por el ensayo «Contra los poetas», de Witold Gombrowicz, al ya clásico poema de Mariane Moore llamado justamente «Poesía»:

«A mí también me desagrada: hay cosas más importantes/ que este chamullo. / De todas formas, leyéndola, con el más completo desprecio, uno/descubre que hay, después de todo, / espacio en ella para lo genuino.»

Yo creo que la mala voluntad con el poema puede ser saludable; tal vez ayude a producir una pausa para la reflexión, una especie de desautomatización. Muchas veces es necesario escribir (y leer) contra nuestra propia idea de la poesía o contra cierto impulso inicial del poema.

Me gusta la formulación de Manuel Bandeira en el breve «Poema del callejón», preguntándose, finalmente, ¿cuál es la importancia del paisaje, de la Gloria, de la bahía, de la línea del horizonte…? «Lo que yo veo es el callejón», dice y, a su manera, va a priorizar lo menor (el callejón estrecho), en lugar de los grandes temas de la poesía (expresados en la naturaleza del paisaje, en los sueños del horizonte…). Él no evitará, totalmente, los grandes temas, pero la lección de lo menor está en primer plano en su poesía y quizás permita, en otros momentos, aprehender el paisaje y lo genuino de los que habla Moore.

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Pensaba en esto porque quería escribir un poema que tuviera la palabra «corazón».

¿Pero cómo usar una palabra tan manida, tan exagerada y llena de connotaciones, sin que suene pesada? ¿Cómo remover de la palabra los usos y el lugar común? Habiéndose vuelto el corazón una palabra gastada ¿sería posible tornar el corazón contra el corazón? ¿Cómo hacer para separar el corazón de la palabra «corazón» y, así, poder reencontrarlo?

Es conocida la anécdota de (el antilírico) João Cabral de Melo Neto preguntándole a su amigo Vinicius de Moraes (el más lírico de todos), que vivía componiendo canciones de amor: «¿Será que no tienes otra víscera para cantar?» La malintencionada pregunta no deja de ser un consejo contra este impulso de cantar el amor de forma predecible (ay ay mi corazón partido…).

Como escribe Witold Gombrowicz, en «Contra los poetas», ensayo bastante instructivo en ese sentido:

¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar «puro». El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía: exceso de la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de metáforas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de condensación que asemejan los versos a un producto químico.

El exceso de corazones y metáforas espanta por ser pesado y de algún modo es necesario ir en contra de eso para intentar encontrar la palabra fresca, «en estado de diccionario», que pueda inventar un mundo nuevo.

Por ende, decidí buscar poemas que hablaran del corazón y hay una larga serie, que va desde Carlos Drummond de Andrade —y su corazón «mucho más pequeño que el mundo», que responde a los versos inaugurales de Tomás Antonio Gonzaga («Mi corazón es más grande que el mundo»)—, pasando por Adelia Prado y su «Corazón disparado», llegando a los contemporáneos y al literal «corazón de buey sobre la artesa de granito», de Ana Estaregui, o el (irónico) «libro rosa de corazón de las pavas», de Angélica Freitas.

Frank O'Hara declaró: «mi corazón está en mi bolsillo, es un libro de Pierre Reverdy». ¡Qué bonito ese corazón poético de O'Hara! Y Augusto de Campos se encuentra con el corazón en algunos textos como «Corazón Cabeza» que desacelera y torna no lineal la lectura del poema por medio de recursos gráficos y un desvío en la sintaxis, creando un vaivén entre los polos corazón/cabeza, razón/emoción («mi cabeza comienza en mi corazón/ mi corazón no cabe en mí cabeza»).

Ana Cristina César pregunta: «¿cerca del corazón hay palabras?», hablando de la dificultad de nombrar la emoción, pero ella misma parece responder, ya que usó 18 veces (¡las conté!) la palabra «corazón» en el libro A tus pies.

¡Zuca Sardan tiene un poema-fábula que describe el «hueso del corazón»! El personaje principal de una obra sobrevive a todos para, al final, arrancarse el corazón del propio pecho, desollarlo hasta el hueso, donde dejará grabada la verdad: todo el mundo se mató por ilusión.

Y un último corazón de Drummond, del poema «Cementerios» (de la sección «De bolsillo», por ser cortito), aunque no utiliza la palabra «corazón», sino solo su imagen, con toda la carga simbólica y afectiva que parece, al mismo tiempo, contener y desbordar la emoción:

del lado izquierdo cargo mis muertos
por eso camino un poco chueco.

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El texto «Contra la poesía, contra el corazón» de Marília García traducido por Ignacio Morales integra el libro Pensar com as mãos publicado por la editorial Martins Fontes (2025, Brasil).

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