Editorial

Bornamez tal vez surge cuando un nombre es pronunciado demasiadas veces y comienza a desgastarse: la repetición lo vacía de certeza y lo vuelve poroso. Insiste en una grieta del acto mismo de nombrar, porque no hay en ello una búsqueda del decir bien, apenas la obstinación de decir —de algún modo.

Revista Bornamez se sitúa en ese punto de fricción. No toma la lengua como promesa de pertenencia ni como garantía de un sentido común, sino como materia expuesta al deterioro y a la falla, donde la lectura ocurre sin amparo previo. En esa inestabilidad, activa e irreductible, la escritura conserva todavía la posibilidad —siempre incierta— de decir algo que todavía no encuentra nombre.

Varada y expuesta ante una luz que la reconoce y vigila, mientras la lengua, entendida como cuerpo, voz o lenguaje, es arrancada de la boca y desplazada a otro lugar, suspendida en la escucha u ofrecida a la mutilación, al reparo del bisturí, como una oportunidad de sentido e identidad. Leer, entonces, como gesto de sutura: reunir, puntada a puntada, aquello que ha quedado escindido.

En todos los casos, el lenguaje aparece desajustado, fuera de sitio, instalado a medio camino entre apenas decir y apenas escuchar.

Fotografía © Ian Macías Aguilar
Editorial n°1

Una forma de hablar llano

Sofía Quevedo

La condición de la experiencia que la literatura busca bordear, insistir y tornar visible sin llegar a fijar del todo puede pensarse como una forma de intemperie.