Ensayo

Por qué no escribí sobre el once

David Aránguiz 4 de octubre

El último once de septiembre lloré. Partió la noche anterior. Fui a un concierto en beneficio del baterista de los Pinochet boys. Ayudar a alguien, varios buenos músicos y, en la corona, Colombina Parra. Ella tocó unas tres cuecas. Parece que nadie de allí la apañó con la banda. No entendí. Me quedé con ganas de escuchar la de la corbata del tío, me dijo mi amiga que me invitó. Carlos Cabeza estuvo celestial. A la primera nota uno entiende que es otra cosa. Pero la noche fue decayendo y nos fuimos por mejor antes que acabara.

Al otro día, entonces, con leve caña pensé qué chucha el once. Cómo se nombra (apellida) el once. Evoqué los brazos largos de mi padre, su sonrisa de chino e imaginé que quizás eran de origen indígena. Traté de pensar en cómo los cuerpos indígenas podrían dialogar con sus territorios. Escribí:

11/09
Nuestros huesos largos
Acortados
terrestres
Las razones por las que nuestros hijos.

Me pareció falso seguir desarrollando el poema, estaba hablando por los muertos. Algunos poemas son voces que me llegan. Ese mismo once, Renata Juica escribió que no quería que a sus muertos los lloraran oportunistas. Sentí algo así cuando me detuve y después de eso lloré un rato. Solo. En el sillón, yo conmigo mismo. El mismo llanto desencadenado por otros motivos.

Hace poco tuve la suerte de escuchar al director de Los gemelos. Después de la obra nos relató cómo de cierto modo la obra nacía hace harto tiempo atrás con él y su hermano haciendo una fila para llevarle cosas a su madre o a su padre que estaba en un centro de detención. Detrás del argumento, había sentido que había un aprendizaje encriptado, que tal vez la única victoria que las víctimas pueden tener sobre los torturadores es no confesar, no delatar. Eso pensé en la función. ¿Cómo vivir en un país donde algunos desaparecen personas? ¿Dónde los domingos van a correr por las Glorias del ejército?

A las cuatro tenía hora al kinesiólogo para que me evaluaran, pero no me quisieron atender. En mi licencia por luxación de la patela, el hueso de la rodilla, el traumatólogo no dio la orden. Salí caminando medio cojo y derrotado a ver a mis papás. Los demás salían de sus trabajos y se movilizaron a lugares de memoria. Las cuentas de redes sociales compartían los mismos bites y yo me descuido y vuelvo a pensar.

Las razones por las que nuestros hijos (nos buscan)
obtienen abiertamente la posibilidad de

Nuevamente quiero dejar ¿el poema? ahí. Quise una palabra con B, esperé su sonido hasta que aparecieron las palabras: obtienen abiertamente (la posibilidad de--- matar / vengar / habitar). Pero no quise seguir falseando nada.

Llego donde mis papás, pero no hay nadie en casa.

Vuelvo a casa y me llega el mensaje de un amigo. Salgamos a weviar, me dice. Fecha culiá, pero ya, respondo. Sus papás fueron militantes del PC y comenta que quizás su vida se gestó en alguna actividad política por el ‘89. Va a ser influencer, me dice, y le comento que según el último informe Reuters, la gente se informa más por redes que por radio, tele, diario. Me muestra un informe del gobierno. Ningún matinal de televisión se refirió al 11 de septiembre. Weones vendidos, dijo él o yo, da lo mismo. Dime con quién andas y te diré quién eres. Cerramos la conversación con que Óscar Contardo sacó en cara al gobierno de Boric que no mencionaran la palabra “golpe” en su conmemoración del 11. Lo curioso y lo patético es como los extremos se tocan.

11/09
Nuestros huesos largos
Acortados
terrestres
Las razones por las que nuestros hijos.

Le cuento que en el hospital del frente murió Pinochet. Pero ya estábamos medios puestos y pasado el once, no importa mucho ya. La vorágine continúa espirando nuestras vidas sin cerrar nada.

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