Poesía

Otras ciudades están prendidas a un cuerpo inestable

Simón Villalobos

Intercambian agua y abastos
y van pedazos en el torrente
o ramas menores cruzan hasta un vértice
los genitales al fondo en la sombra
a la par que desfajan intestinos pesan
bajo esta nube enrojecida
las luces arden, un tajo y otro
en la marea que retrocede
oscura en la tierra negra
y la altura de la vista en suspenso y el roce
con que llegan y pasan vaciados empaques
la armazón de trece pisos y en cada uno el resplandor
hilado sobre otros nudos y en movimiento
con un bastón de restos en medio
intercambian agua y abastos

***

Descienden los astros, el aire
se agolpa contra el asfalto
escapa el calor por las grietas, un lienzo trasluce
las siluetas que encima sedimentan
un lodo espeso con sus cuerpos, van juntando
nuevos pisos entre andamios que nueva gente trepa
han superado las cumbres
hasta el otro lado del valle, al amanecer
ven los lindes de la ciudad encenderse
bajo la antena mayor de la obra, un atado
de lenguas y bolsas de restos izados los vidrios
y aún escala el golpe al ruido y tira
el hervor del hastío y el hambre
se atora y espuma nerviosa
rebalsa la cima
un acople suelto triza
el cerrado cielo nocturno
el manto que guarda y presiona
el bullicio de las partes gimiendo

***

Al bajar veo los cercos del valle, la niebla
reflejando el cielo antes que llueva
o se abra y con los extremos
hundidos en esas borraduras
la torre como el asa o el cuello de una sombra

Su armazón junta cadenas
hilos que sobran ardiendo
se entierran, demarcan
muros procesiones
se muerden las puntas
despeñan y corren a ver
qué tan hondo
siguen villas, desbrozan
caminos, alambres
coronan jardines segados
por piezas livianas, mansardas
tras vías que doblan
su cauce, desaguan baldíos, retiran
grúas que oponen
bloques, racimos
de tubos y cables desatan
las guías o remos
de sendos surcos arriba
balcones y predios
apenas pensados

***

La carcoma paciente pare inservibles mezclados engranajes
y raíces y perfiles de vigas y arrinconados brotan entre pozas los muebles
las hojas dilatan el concreto por la esquina abierta
óxido y aceite al sol orillan lentas volutas cuando una cae
entre las gradas del barro que resbaló
veinte metros de losa
colgados cables y tuberías y la escalera
es un collar hasta otro cubo torcido

Ocho horas más y quizás la marea contra esta nube
lejos con otros vientos tiznará los cerros
el ácido del esmalte parcamente embolsado en un muslo
ahí, el plazo de quince vidas
faldeos de carrocerías, dentaduras de fierros con el dorso
de latas y cáscaras abultando una costra madura
nace este esqueleto

***

Brilla la cordillera y las industrias aledañas
vano que avanza con la lluvia, rasa
miles de vidrios frente al mar

Al sesgo las ramas del container beben
sus puntas quemadas el vapor azulgrís
gotea las ventanas, sajadas venas de la caverna
que se hunde y estira en los bordes del túnel

Dentro de otra una mano opaca
el motor que nos duerme

Estos poemas integran el poemario Otras ciudades están prendidas a un cuerpo inestable publicado por Traza Editorial (2024)

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