Reseña/Crítica

Entre crestas y caídas: sobre el deseo en Pastoral de Carl Phillips

Aurora Mañas

En un poema de Bucólicas, escrito por Virgilio en la década del 40 a.c., se lee:

"El pastor Coridón se abrasaba de amor por el hermoso Alexis, / sin esperanza empero de retorno" (vv. 1-2)

Bucólicas es una de las obras que sienta las bases de la literatura pastoril, y este poema, en particular, trata sobre un canto del pastor Coridón a su no correspondido amor, el esclavo Alexis. De este modo, vemos cómo Coridón se pierde en el camino del deseo (deseo, por cierto, homoerótico), un camino que no le otorga posibilidad de regreso. Pero ¿por qué los versos hablan de la imposibilidad de un retorno? ¿A qué retorno refieren?

En Eros El dulce-amargo, Anne Carson señala que el deseo, personificado en el dios Eros, "se mueve o repta sobre su víctima desde algún lugar fuera de ella", de modo que "ninguna batalla sirve para detener ese avance". El cuerpo que es víctima del deseo no puede avanzar por otro camino que no sea el dictado por esta entidad superior. Me parece que esta es la imposibilidad de retorno a la que refieren los versos de Virgilio. Sobre el pastor enamorado se abalanza el deseo, impidiendo la posibilidad del sujeto de volver al estado anterior. Frente a esta colisión, al hombre capturado solo le queda el camino de la resignación, el abandono.

Pastoral, de Carl Phillips, publicado el año 2000 y traducido recientemente por Francisco Cardemil, se ubica dentro de esta problemática. La pregunta por el deseo ha estado presente en la literatura pastoril desde al menos unos dos mil años, y Phillips logra retomarla, reconstruirla con vigencia. Así, la literatura pastoril funciona en el poemario como un antiguo pastizal que el poeta atraviesa para formar un nuevo camino.

Phillips piensa a través del poema, se pregunta: "¿Cuándo elegí/ la Carne, el Deseo?" o "¿Acaso no soy/ solo aquello con lo que los dioses/ hacen lo que se les antoja?". Vemos que, tanto en Virgilio como en Phillips, la pregunta por la pérdida de voluntad frente a un cuerpo otro es una constante. Tal como le ocurrió a Coridón dos mil años antes, en Pastoral el sujeto es tan solo un cuerpo doblegado ante esta fuerza inapelable.

Del mismo modo que el mar desborda sus propios límites cíclicamente, el cuerpo del hablante se ve arrastrado por una corriente que lo atrapa. Es un paisaje que permite un solo movimiento; un único color que dirige el cuerpo como flecha; un único afluente que dispone el agua para el viaje: "Cuando pienso en el deseo, / es igual a como pienso en / Dios: como parábola, cualquier agua/ vertiginosa y azul".

Pienso en el poema que habla de cardúmenes de peces que se dirigen hacia su muerte con los ojos abiertos, que con atención fijan la mirada, en esta agua vertiginosa que los llevará a perderse. Pienso en cómo el cuerpo sabe perfectamente hacia qué abismo se dirige cuando el deseo arriba, en ese borde al que se conduce para caer con los ojos abiertos. Pienso en los límites que desdibujan el cuerpo de dos hombres que se arrojan, en el vértigo que une sus cuerpos y la rapidez con que arden y se queman las líneas que los trazan. Pienso, entonces, en esa inasequible orilla que salvará al cuerpo del extravío.

Los bordes del poemario están en constante movimiento, como la mano que moldea con calor la arcilla o la roca que rodea al fósil con sus puntas. Es difuso el límite que el deseo permite trazar entre los cuerpos. De este modo, los lindes del poema van delineando y construyendo dos cuencos que se trasvasijan entre lo que es y lo que no es.

Los nombres con los que este poemario intenta nombrar lo innombrable van tejiendo una red de pensamiento y esta va desvelando que el deseo trae consigo paradojas. "La palabra griega eros denota «deseo», «falta», «deseo de eso que está ausente»", dice Anne Carson. El sujeto siente esta falta como el hambre que se sacia con presencia. Aquí, el deseo funciona como un ir y venir, como un perderse y regresar. En Pastoral, Phillips lo llama "la maldición del hambre"; Safo lo denomina dulce-amargo; Emily Dickinson escribe que "el hambre es lo que siente/ la gente que espía por las ventanas/ y que el solo hecho de entrar sana". Hay algo cíclico en el eros que funciona como la ida y vuelta de las olas. Es precisamente este el pulso que dicta el poemario.

"Crestas
Y caídas.
Estamos aquí, de nuevo.
Estamos
en la playa.
Estás donde ya has
estado, el agua"

o

"El Deseo
Pasa, y aunque
Es el viento por supuesto el que
Dobla la hierba,
La estira, decimos
Es el deseo otra vez"

Todo gran poema se deja traducir, piensa Badiou. Entonces, tenemos aquí un gran poema, pienso yo. Francisco Cardemil logra hacer este traspaso entre vasijas: traducir un gran poema que alcanza a tocar el reverso de la palabra deseo. Esto lo comprobamos cuando abrimos el libro y vemos las dos caras del mismo poema: una plana en inglés, la otra en español. La edición bilingüe constituye una puesta en escena del trabajo de la traducción de Cardemil, que es, por cierto, la primera traducción al español de Pastoral.

Me devuelvo, traigo de nuevo la pregunta: ¿a qué retorno refieren los versos de Virgilio? Leyendo Pastoral puedo entender y responder (haciendo referencia al primer poema del libro): hay un camino rodeado de árboles, en una especie de pradera, que dirige el cuerpo hacia un ciervo, un único y solitario ciervo. Ciervo de astas ramificadas delante de un telón de fondo. Hay un viento fuerte que dirige el cuerpo sobre este animal. El sujeto debe saciar su hambre, debe realizar el sacrificio para que la pared de árboles se disipe: solo así podrá encontrar "una salida, el único camino señalado, de regreso".

***

Presentación para el lanzamiento de la edición bilingüe de Pastoral, de Carl Phillips, publicado por editorial Agatamusgo. Encuentro realizado en Alma Negra Librería en junio de 2025.

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